
Oblómov: el comienzo del libro en inglés con traducción al español
Oblomov
Las primeras páginas de Oblómov, de Iván Goncharov: el texto en inglés con la traducción al español bajo cada párrafo, unas 440 palabras, lo mismo que una o dos páginas del lector. Lee en inglés y mira la traducción cuando la necesites. El libro sigue gratis en el lector, con audio y diccionario.
Oblómov · Libros en inglés para nivel B2 (intermedio alto) · Novelas en inglés con traducción al español
One morning, in a flat in one of the great buildings in Gorokliovaia Street, * the population of which was sufficient to constitute that of a provincial town, there was lying in bed a gentleman named Ilya Ilyitch Oblomov. He was a fellow of a little over thirty, of medium height, and of pleasant exterior. Unfortunately, in his dark-grey eyes there was an absence of any definite idea, and in his other features a total lack of concentration. Suddenly a thought would wander across his face with the freedom of a bird, flutter for a moment in his eyes, settle on his half-opened lips, and remain momentarily lurking in the lines of his forehead. Then it would disappear, and once more his face would glow with a radiant insouciance which extended even to his attitude and the folds of his night-robe. At other times his glance would darken as with weariness or ennui. Yet neither the one nor the other expression could altogether banish from his countenance that gentleness which was the ruling, the fundamental, characteristic, not only of his features, but also of the spirit which lay beneath them. That spirit shone in his eyes, in his smile, and in his every movement of hand and head. On glancing casually at Oblomov a cold, a superficially observant person would have said, “Evidently he is good-natured, but a simpleton;” whereas a person of greater penetration and sympathy than the first would have prolonged his glance, and then gone on his way thoughtfully, and with a smile as though he were pleased with something.
Una mañana, en un piso de uno de los grandes edificios de la calle Gorokliovaia, cuya población bastaba para constituir la de una ciudad de provincias, yacía en la cama un caballero llamado Iliá Ilich Oblómov. Era un hombre de poco más de treinta años, de estatura mediana y aspecto agradable. Lamentablemente, en sus ojos gris oscuro faltaba por completo cualquier idea definida, y en sus demás rasgos una concentración total. De pronto un pensamiento cruzaba su rostro con la libertad de un pájaro, revoloteaba un instante en sus ojos, se posaba en sus labios entreabiertos y permanecía un momento oculto en las líneas de su frente. Luego desaparecía, y una vez más su rostro resplandecía con una despreocupación radiante que se extendía incluso a su postura y a los pliegues de su bata de noche. Otras veces su mirada se oscurecía como por cansancio o hastío. Sin embargo, ni una ni otra expresión lograban desterrar por completo de su semblante esa dulzura que era la característica dominante y fundamental, no solo de sus facciones, sino también del espíritu que latía bajo ellas. Ese espíritu brillaba en sus ojos, en su sonrisa y en cada movimiento de sus manos y su cabeza. Al mirar a Oblómov de pasada, una persona fría y superficial habría dicho: «Evidentemente es bondadoso, pero un simplón», mientras que una persona de mayor penetración y simpatía que la primera habría prolongado su mirada y luego habría seguido su camino pensativa, con una sonrisa, como si algo la complaciera.
Oblomov’s face was neither reddy nor dull nor pale, but of an indefinite hue. At all events, that was the impression which it gave—possibly because, through insufficiency of exercise, or through want of fresh air, or through a lack of both, he was wrinkled beyond his years. In general, to judge from the extreme whiteness of his bare neck, his small, puffy hands, and his soft shoulders, one would conclude that he possessed an effeminate body. Even when excited, his actions were governed by an unvarying gentleness, added to a lassitude that was not devoid of a certain peculiar grace. On the other hand, should depression of spirits show itself in his face, His glance would grow dull, and his brow furrowed, as doubt, despondency, and apprehension fell to contending with one another. Yet this crisis of emotion seldom crystallized into the form of a definite idea—still less into that of a fixed resolve. Almost always such emotion evaporated in a sigh, and shaded off into a sort of apathetic lethargy.
El rostro de Oblómov no era ni rojizo ni apagado ni pálido, sino de un tono indefinido. En todo caso, esa era la impresión que daba, posiblemente porque, por falta de ejercicio, por carencia de aire fresco o por ambas cosas, tenía más arrugas de las que correspondían a su edad. En general, a juzgar por la extrema blancura de su cuello desnudo, sus manos pequeñas y mullidas y sus hombros suaves, uno concluiría que poseía un cuerpo afeminado. Incluso cuando se exaltaba, sus acciones se regían por una dulzura invariable, unida a un cansancio que no carecía de cierta gracia peculiar. En cambio, si la depresión de ánimo se manifestaba en su rostro, su mirada se volvía opaca y su frente se surcaba de arrugas, mientras la duda, el desaliento y la aprensión se disputaban el terreno. Pero esta crisis emocional rara vez cristalizaba en la forma de una idea definida, y menos aún en la de una resolución firme. Casi siempre tal emoción se desvanecía en un suspiro y se diluía en una especie de letargo apático.
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