
Las aventuras de Sherlock Holmes: el comienzo del libro en inglés con traducción al español
The Adventures of Sherlock Holmes
Las primeras páginas de Las aventuras de Sherlock Holmes, de Arthur Conan Doyle: el texto en inglés con la traducción al español bajo cada párrafo, unas 620 palabras, lo mismo que una o dos páginas del lector. Lee en inglés y mira la traducción cuando la necesites. El libro sigue gratis en el lector, con audio y diccionario.
Del capítulo «I. A SCANDAL IN BOHEMIA»
To Sherlock Holmes she is always the woman. I have seldom heard him mention her under any other name. In his eyes she eclipses and predominates the whole of her sex. It was not that he felt any emotion akin to love for Irene Adler. All emotions, and that one particularly, were abhorrent to his cold, precise but admirably balanced mind. He was, I take it, the most perfect reasoning and observing machine that the world has seen, but as a lover he would have placed himself in a false position. He never spoke of the softer passions, save with a gibe and a sneer. They were admirable things for the observer—excellent for drawing the veil from men’s motives and actions. But for the trained reasoner to admit such intrusions into his own delicate and finely adjusted temperament was to introduce a distracting factor which might throw a doubt upon all his mental results. Grit in a sensitive instrument, or a crack in one of his own high-power lenses, would not be more disturbing than a strong emotion in a nature such as his. And yet there was but one woman to him, and that woman was the late Irene Adler, of dubious and questionable memory.
Para Sherlock Holmes ella es siempre la mujer. Rara vez le he oído mencionarla con otro nombre. A sus ojos, ella eclipsa y predomina sobre todo su sexo. No es que él sintiera emoción alguna parecida al amor por Irene Adler. Todas las emociones, y esa en particular, eran aborrecibles para su mente fría, precisa pero admirablemente equilibrada. Era, supongo, la máquina de razonar y observar más perfecta que el mundo ha visto, pero como amante se habría colocado en una posición falsa. Nunca hablaba de las pasiones más tiernas, salvo con burla y desdén. Eran cosas admirables para el observador, excelentes para descorrer el velo de los motivos y acciones de los hombres. Pero que el razonador entrenado admitiera tales intrusiones en su propio temperamento delicado y finamente ajustado era introducir un factor de distracción que podría arrojar duda sobre todos sus resultados mentales. Una arenilla en un instrumento sensible, o una grieta en una de sus lentes de alto poder, no serían más perturbadoras que una fuerte emoción en una naturaleza como la suya. Y sin embargo, solo había una mujer para él, y esa mujer era la difunta Irene Adler, de dudosa y cuestionable memoria.
I had seen little of Holmes lately. My marriage had drifted us away from each other. My own complete happiness, and the home-centred interests which rise up around the man who first finds himself master of his own establishment, were sufficient to absorb all my attention, while Holmes, who loathed every form of society with his whole Bohemian soul, remained in our lodgings in Baker Street, buried among his old books, and alternating from week to week between cocaine and ambition, the drowsiness of the drug, and the fierce energy of his own keen nature. He was still, as ever, deeply attracted by the study of crime, and occupied his immense faculties and extraordinary powers of observation in following out those clues, and clearing up those mysteries which had been abandoned as hopeless by the official police. From time to time I heard some vague account of his doings: of his summons to Odessa in the case of the Trepoff murder, of his clearing up of the singular tragedy of the Atkinson brothers at Trincomalee, and finally of the mission which he had accomplished so delicately and successfully for the reigning family of Holland. Beyond these signs of his activity, however, which I merely shared with all the readers of the daily press, I knew little of my former friend and companion.
Últimamente había visto poco a Holmes. Mi matrimonio nos había distanciado. Mi propia felicidad completa, y los intereses centrados en el hogar que surgen alrededor del hombre que por primera vez se encuentra dueño de su propio establecimiento, bastaban para absorber toda mi atención, mientras que Holmes, que detestaba toda forma de sociedad con toda su alma bohemia, permanecía en nuestro alojamiento de Baker Street, sepultado entre sus viejos libros, y alternando semana a semana entre la cocaína y la ambición, la somnolencia de la droga y la energía feroz de su propia naturaleza aguda. Seguía, como siempre, profundamente atraído por el estudio del crimen, y ocupaba sus inmensas facultades y sus extraordinarios poderes de observación en seguir aquellas pistas y esclarecer aquellos misterios que la policía oficial había abandonado como desesperados. De vez en cuando oía algún relato vago de sus andanzas: de su convocatoria a Odessa en el caso del asesinato Trepoff, de su esclarecimiento de la singular tragedia de los hermanos Atkinson en Trincomalee, y finalmente de la misión que había cumplido con tanta delicadeza y éxito para la familia reinante de Holanda. Más allá de estas señales de su actividad, sin embargo, que yo compartía con todos los lectores de la prensa diaria, poco sabía de mi antiguo amigo y compañero.
One night—it was on the twentieth of March, 1888—I was returning from a journey to a patient (for I had now returned to civil practice), when my way led me through Baker Street. As I passed the well-remembered door, which must always be associated in my mind with my wooing, and with the dark incidents of the Study in Scarlet, I was seized with a keen desire to see Holmes again, and to know how he was employing his extraordinary powers. His rooms were brilliantly lit, and, even as I looked up, I saw his tall, spare figure pass twice in a dark silhouette against the blind. He was pacing the room swiftly, eagerly, with his head sunk upon his chest and his hands clasped behind him. To me, who knew his every mood and habit, his attitude and manner told their own story. He was at work again. He had risen out of his drug-created dreams and was hot upon the scent of some new problem. I rang the bell and was shown up to the chamber which had formerly been in part my own.
Una noche, era el veinte de marzo de 1888, regresaba de visitar a un paciente (pues ya había vuelto al ejercicio civil), cuando mi camino me llevó por Baker Street. Al pasar por la puerta tan bien recordada, que siempre debe asociarse en mi mente con mi cortejo y con los oscuros incidentes de Estudio en escarlata, me asaltó un vivo deseo de ver a Holmes de nuevo y de saber cómo empleaba sus extraordinarios poderes. Sus habitaciones estaban brillantemente iluminadas y, aun mientras miraba hacia arriba, vi su figura alta y delgada pasar dos veces en silueta oscura contra la persiana. Caminaba de un lado a otro de la habitación con rapidez, con ansia, con la cabeza hundida en el pecho y las manos entrelazadas a la espalda. Para mí, que conocía cada uno de sus estados de ánimo y costumbres, su actitud y sus modales lo decían todo. Estaba trabajando de nuevo. Había salido de sus sueños creados por la droga y seguía con ardor la pista de algún nuevo problema. Toqué la campanilla y me hicieron subir a la habitación que en otro tiempo había sido en parte mía.
Seguir leyendo gratisCada oración traducida, audio natural, diccionario con un toque